París. Ante un Estadio de Francia abarrotado, el papa León XIV cerró este viernes la primera jornada de su visita a Francia con una vigilia de oración junto a 80.000 jóvenes, a quienes invitó a responder a las incertidumbres, la precariedad y la soledad con la fe y el servicio a los demás.
El acto, que comenzó a las 5 de la tarde, incluyó testimonios, una representación sobre la vida de los santos de Francia con cuadrigas romanas, caballos con soldados medievales y un cierre con fuegos artificiales.
Durante el diálogo con los jóvenes, el pontífice estadounidense respondió a las preguntas de varios asistentes. A François, quien le habló de los temores de la juventud, León XIV reconoció que la «ansiedad y la incertidumbre» son «sentimientos muy difundidos» en esta generación.
«Debido a la precariedad de los planes para el futuro, la naturaleza provisional de los vínculos afectivos y la fragilidad de las relaciones», explicó. A ello se suman, dijo, «el cansancio provocado por las pantallas y la ansiedad ante el cambio climático o la situación económica e internacional».
«Sí, necesitamos prestar atención a estos sentimientos», afirmó, e invitó a los jóvenes a «mantener el corazón abierto ante los sufrimientos de sus compañeros».
El Papa aseguró que «la experiencia de la fragilidad, de cualquier fragilidad, se convierte, para un discípulo de Cristo, en una ocasión para ser su testigo». «Quien sigue a Jesús en el camino del servicio humilde y gratuito se libera de la angustia y redescubre un nuevo entusiasmo, al experimentar la alegría y paz interiores», añadió.
Al responder a Chloé, una joven de 25 años de un grupo católico de los barrios populares de Île-de-France, el pontífice lamentó que «la sociedad en la que vivimos parece indiferente a Dios. Sin embargo, ¡el Señor no es indiferente a nosotros! Esto es lo que cuenta y nos da esperanza».
Advirtió que el problema «no consiste únicamente en que algunas personas se alejen de Dios, sino también en que otras se vuelvan indiferentes ante el sufrimiento de sus semejantes», pero subrayó que «en la concreción de la vida cotidiana, e incluso en las dificultades, es cuando la fe se vuelve un vivo testimonio de esperanza».
Al concluir la oración, León XIV criticó «ese estilo de vida que nos empuja a tenerlo todo, pero a no ser nadie; a recibir una gran cantidad de ‘me gusta’, pero quedándonos solos con nosotros mismos».
Pidió a los jóvenes evitar «el orgullo, la vanidad, la violencia y la avidez», que «pueden llegar a dominar a las personas y esconder una espantosa soledad», y los animó a tender «hacia la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre».
Finalmente, los invitó a ser «artesanos de paz» y a seguir el camino de la santidad, publicó este sábado la agencia EFE.
